
- - ¿Te han comentado algo acerca de cómo vamos a compartir los gastos? - Laura estaba repanchingada en la cama pintándose las uñas de A Oui Bit of Red, apoyaba su espalda en el cabecero art decó. La suite es chula, comentó nada más entrar, yo mismo me asombré que no dijera: la suite es guai.
- - Cada uno pagará su habitación, por supuesto - dijo ella.
- - No me refiero tan sólo a las habitaciones, te estoy hablando de que he tenido que rellenar el tanque de combustible dos veces y todavía queda el viaje de vuelta.
- - Pero Borja... ¿se puede saber por qué te has vuelto tan mirado con el dinero, parece como que últimamente fuera tu única obsesión? Me tienes aburrida, siempre con la misma cantinela.
- - ¿Cantinela? ¿No ves lógico que ese tipo de gastos se repartieran como hicimos anoche con la cena?
- - No seré yo quien se lo reclame, Carla es una de mis mejores amigas, además tengo que decirte que ayer te pasaste un poquito.
- - ¿Ayer, cuándo? - respondí como una exhalación.
- - Durante la cena, después del largo viaje, en vez de disfrutar y relajarte, nos distes una monserga con lo de la dichosa crisis. ¡Pero qué pesado te vuelves a veces! ¿No comprendes que no venía a cuento?, ese afán tuyo, que si el paro, que si los bancos, que si la gente está haciendo colas en comedores públicos...
- - ¿Es que dije alguna mentira? - insistí.
- - Pus sí, la verdad, yo no veo crisis por ninguna parte, como podrás comprobar el Spa está lleno, las carreteras ni te cuento, tanto quejarse de la subida del petróleo, ¿y qué me dices del restaurante? Además, ni a ti ni a mí nos falta el trabajo, tienes un colchón financiero fabuloso después de lo de tus padres... ¿Tú has visto a alguno de nuestros amigos pasarlo mal, mendigando en las aceras? El sol sigue saliendo todas las mañanas, digo yo.
La conversación se me estaba yendo de las manos, estábamos entrando en terreno farragoso, pero Laura no daba tregua, se levantó de la cama, sus largas piernas dibujaron una pirueta en el aire, todavía tenía las marcas del bikini en su piel, las sesiones de rayos UVA mantenían el bronceado trabajado por el sol este verano en Ibiza.
Laura era hermosa, de eso no cabía la menor duda, cualquier hombre hubiera enloquecido por ella como lo hice yo, el problema radicaba en su aparente dualidad. Para mí existían dos Lauras, la que conocí en la Universidad hace siete años y la de ahora. Las dos compartían el mismo físico de escándalo, pero ahí terminaba toda la comparación, el peso del tiempo había labrado dos personalidades distintas, separadas entre sí debido al acomodo o quizás a la falta de pasión.
Un sentimiento de culpa afloró como un relámpago, quizás yo también había cambiado, era corresponsable de algún modo en nuestra falta de empatía. La contemplé mirándose al espejo, dentro del cuarto de baño, su cuerpo desnudo me daba la espalda, recorrí en un instante la corta distancia que nos separaba y agarrándola por las manos acerqué mi cabeza a la suya, besándola en el cuello.
Ella saltó de repente, lo que confundí en principio como un sobresalto, se convirtió en ira repentina.
- - ¡Mira que eres gilipollas, me había acabado de pintar las uñas!, ahora tendré que quitarme el esmalte y volvérmelas a pintar otra vez.
Ese día descubrí a ciencia cierta, que existen palabras que pegan tiros y si son certeras, te pueden llegar a dar.





