No fui el primero en llegar, más bien diría que me faltó poco para ser el último, por lo que decidí ocupar una silla vacía sin mayor dilación. Sobre la larga mesa reluciente de caoba se extendían desperdigados todo tipo de informes, diagramas, gráficos y hojas repletas de datos que pertenecían a mis nuevos compañeros. Un escalofrío recorrió mi interior, agaché la vista y todo lo que encontré fueron mis manos vacías. Todo había ocurrido tan deprisa, que mi sola presencia en aquella enorme sala, rodeado de desconocidos, me producía una creciente sensación de nausea, de la que sólo fui capaz de librarme cuando ella entró por la puerta corrediza.

Pertrechada con unos tacones de aguja que elevaban su estilizada figura por encima de los asistentes, y con un vestido de paño rojo transparente que realzaba sus ya de por sí explosivos encantos, ocupó su sillón de Directora del Cotarro.

Un silencio ahogó las voces de todos aquellos que poco a poco fueron ocupando los asientos al detectar la presencia de la "jefa". Por mi parte, decir que permanecí mudo sería mentir. Me encogí en mi asiento hecho un ovillo, y así permanecí largo rato, asumiendo por normal la indiferencia de los más cercanos ante mi presencia.

  • - Hola a todos, hoy seré breve, porque como todos bien sabéis, tenemos una jornada movidita. Nuestro mejor cliente amenaza con dejarnos, de nuestra reunión con él dependerá en gran medida el futuro de esta agencia. O nos vamos a la mierda o resurgimos con más brío...
  • - Como un ave fénix - un hombre bajito con mostacho, sentado en frente de mí, lanzó la frase como una exhalación.
  • - Gutiérrez, cállate por favor, no es el momento de hacer la pelota.

El susodicho Gutiérrez enrojeció al instante y yo esbocé una sonrisa que hice desaparecer ipso facto al comprobar que no tenía quórum.

  • - Como iba diciendo, nuestra única posibilidad es que durante ésta reunión in extremis, antes de su llegada, consigamos parir alguna idea brillante que pueda paliar de algún modo el callejón sin salida en el que nos encontramos metidos. Durante la última semana no han parado de llegar a mis manos enormes cantidades de basura y ponzoña, que vosotros gentilmente no habéis dudado en enviarme. La verdad, es que me habéis hecho dudar de si de verdad merece la pena la cantidad de dinero que esta casa desembolsa por vuestros servicios. ¡Pandilla de inútiles, quiero soluciones, quiero vuestro ingenio, si es que todavía queda algo dentro de esos esqueléticos cerebros!

Madre mía, ésta chica los tiene bien puestos - pensé -  ideas, eso es todo lo que necesitamos, era evidente que la soflama había hecho mella en mí autoestima. Me encontraba eufórico. Por otro lado, ¿quién era yo, para encabezar la acometida? Mi primera reunión, apenas conocía a nadie, ni ellos me conocían a mí. Por no saber, no conocía al cliente, ni lo que éste trataba de vender en el mercado. No estaba al tanto de las cifras, ni que decir del público objetivo, de las inversiones previstas, ni por supuesto de los canales que se habían previsto utilizar en la campaña.

Pero qué demonios, el mundo sólo se mueve gracias al impulso de los valientes, de los decididos, de los que nada temen. Por un instante me sentí poderoso, invencible. No pude evitar recordar los esfuerzos recientes de nuestro Presidente por hacerse un hueco en esa reunión de mandamases, formar parte de las élites del mundo mundial, el "J 7" creo que se llama, no consigo recordarlo bien ahora. Pero, qué importa eso en este instante, el tiempo corre en mi contra, nadie debe adelantarme. Mi brazo se alza impulsado por un resorte imaginario.

  • - ¿Quién es ese joven que ha levantado la mano? - inquiere la jefa.
  • - Es el nuevo, creo - responde su secretario.
  • - ¿Tienes algo que aportar chaval, alguna idea? - me pregunta ella, desde la distancia que esta mesa inmensa nos impone.
  • - Así es - respondo, dubitativo.
  • - Pues no te la escondas, desembucha.
  • - Me armo de valor y lanzo una idea creativa que rondaba mi cabeza desde las últimas semanas - podríamos enfocar nuestra campaña haciéndonos eco de la necesidad que tiene el consumidor, en estos tiempos revueltos, de afinar sus decisiones de compra para que no le den gato por liebre. Realzando al mismo tiempo las bondades de nuestro producto sobre el de la competencia.

Transcurre un tiempo que a mí se me hace eterno, todas las miradas convergen hacia la cabecera de la mesa. La contemplan absortos esperando su respuesta, y ésta no se hace esperar.

  • - La idea es genial - masculla entre sonrisas - si no fuera porque nuestro cliente no tiene competencia. ¡Estas despedido, coge tus cosas y lárgate!

El aire fresco de la mañana me golpea al salir de la mole de cristal. Abajo en la calle, la realidad se muestra demoledora. ¿Cómo demonios voy a pagar el alquiler?, camino mareado entre la riada de gente sin rumbo fijo. Paso al lado de un kiosco, y no puedo evitar echar un vistazo a los titulares de los periódicos. En cabecera uno de ellos proclama que el Gobierno se va a gastar 34 millones de euros en publicidad, para hacer saber a la población que las medidas económicas de reflote de la banca son la mejor opción para la crisis. En otro observo una noticia acerca de las nuevas cifras del paro en España, el número total de desempleados se sitúa en 2.598.800, la mayor cifra en ocho años.

¡ESO ES MENTIRA! Grito con todas mis fuerzas, son 2.598.801