• - ¿Qué te sucede hoy, te noto un poco raro?
  • - ¿Quién yo, a qué viene eso? - Laura está tendida en el sofá hojeando una revista de moda. Está aburrida, de lo contrario no hubiera sido capaz de percibir el más mínimo cambio en mi comportamiento - no te has levantado en toda la tarde, estás ahí pasmado delante de la pantalla consultando una y otra vez tu correo, y cuando me dirijo a ti, me respondes siempre con monosílabos.
  • - Asuntos del trabajo, nada importante - contesto, disimulando despreocupación.
  • - Borja, tenemos que hablar.

En mi mente, se encienden todas las alarmas, cuando una mujer lanza una frase como ésta, lo que viene detrás nunca puede ser bueno. Me doy la vuelta, Laura sostiene la revista sobre su regazo, su expresión no contradice mis presentimientos, la alarma ha resultado ser real.

  • - He pensado que ahora que tienes el trabajo en la agencia, podrías hacerte cargo del alquiler, tengo problemas para llegar a fin de mes y...
  • - ¿Te refieres a que yo lo page todo, ya no compartimos los gastos?
  • - No espera, yo también puedo comprar la comida algún día, y si veo algo chulo en OKEA, pues me lo traigo a casa. O sea, Borja, tienes que reconocer que tú ahora ganas más que yo, además, me da vergüenza sablearle más a mi padre.
  • - Pero, yo también tengo gastos, el coche sin ir más lejos, la letra es muy alta, el seguro, la gasolina.
  • - Oye, yo nunca te dije que te compraras un coche.
  • - Pues no pones ninguna pega cuando voy con él a recogerte al bufete, ni cuando nos escapamos los fines de semana.
  • - Hablando de los fines de semana, casi se me olvidaba, este puente nos vamos a Andorra con Carla y Cayetano. Iremos en tu coche, porque el suyo es deportivo y sabes que no cabemos todos. Hemos reservado dos habitaciones dobles en el Spa de Caldea. Las termas son chulísimas, mi padre no me pondrá ninguna pega si salimos el jueves temprano por la tarde.
  • - ¿Y has tomado tú sola esa decisión, sin consultarme primero? Además, se nos va a ir una pasta.
  • - Pero bueno, tú estás tonto, ¿crees que esa es una excusa?
  • - ¿Y mi trabajo, qué?
  • - ¿Quieres que llame mi padre a tu jefe?
  • - ¡Noo, ni se te ocurra!, dije atropellando las palabras.
  • - ¡A mí no me grites! Ya está todo dicho entonces, el jueves nos vamos a Andorra.

Decidí, darle la espalda, una ola de desesperación me recorría las entrañas, estaba a punto de echarme a llorar cuando un ligero parpadeo atrajo mi atención. En mi bandeja de entrada tenía un mensaje.