• - La carrera será corta - me disculpé ante el taxista - pero es que estaba lloviendo y...

El me mira a través del espejo con el rabillo del ojo, pero ni me contesta. Le imagino absorto en sus pensamientos o hastiado por los atascos, por el continuo devenir de extraños, subiendo y bajando del taxi, un día sí y otro también.

Dejé el Be eMe uWe en el garaje. Mi destino está a tan sólo tres manzanas del apartamento que comparto con Laura, el dispendio en combustible y la imposibilidad de saber si encontraré al final aparcamiento, no justifica hoy su uso.

La mañana es fría con ganas, el tráfico lo absorbe todo: los pensamientos del taxista y los míos también, las prisas de los transeúntes, los reflejos de los ventanales de cristal-espejo en los edificios de oficinas. Uno de ellos, me devuelve mi mirada a través de la ventanilla. Me veo más viejo, mi rostro refleja fastidio y resignación al mismo tiempo. Es la cara del que busca y no encuentra, ni asomo del que fue. Tres meses han surcado en mí heridas propias de batallas más prolongadas.

Con objeto de continuar la farsa, he salido de casa con suficiente antelación, necesito hacer tiempo y el bar Diamante me viene que ni pintado. Una taza humeante de café y un cruasán me sirven de tapadera, desde la mesa de la esquina diviso mi objetivo.

Saco de mi bolsillo el mensaje impreso en una hojita de papel y le doy un enésimo vistazo. El e-mail dice así:

                Don Borja XXXXXX  XXXXXX, le comunicamos gratamente que nuestra base de datos ha sido cruzada con éxito a sus referencias curriculares, resultando de ello una oferta laboral que se ajusta a sus requerimientos.

Preséntese el día 30 de Octubre, en la dirección abajo indicada, a las 10:30 AM para una entrevista de idoneidad. Su número de referencia será el AS459076-09.

Este mensaje tiene un tratamiento automatizado. No responda a este mensaje ni se dirija a las oficinas de Márquez & Alonso, agencia de Trabajo Temporal. No responda a este mensaje.

La aceptación de la entrevista presupone la conformidad de las condiciones del contrato firmado con anterioridad por usted en nuestras oficinas.

 

Intento ser optimista, incluso alumbro un sentimiento de agradecimiento hacia Alonso, pero no debo ser incauto, el mensaje es automático. Más bien debería dar el mérito a mi padre, que en paz descanse, fue él quien decidió que se gastara una fortuna en el programa. Alonso lo "heredó" tras el traspaso; el muy capullo, ni siquiera se ha molestado en eliminar "Márquez & Alonso, agencia de Trabajo Temporal"  en los membretes, debe pensar que el nombre compuesto le da un toque más señorial a su despacho.

Decido entrar por la puerta principal, en la fachada no hay atisbo de ningún acceso privado a oficinas, ni nada que se le parezca.

  • - Buenos días, quisiera hablar con el gerente.

La cajera de Supermercados DyPlus me sonríe; es una sonrisa limpia, sus mejillas sonrosadas y las pecas a ambos lados de una nariz respingona, me alegran el día - ¿cómo dice?, perdone, no le entiendo.

  • - Sí, mira, tengo una entrevista, quisiera hablar con el jefe - la chica tiene un marcado acento centroeuropeo. Debe ser checa, polaca, quien sabe.
  • - Pase por aquí, ve ese chico alto con bigote, al lado de las naranjas, es el encargado.

Le doy las gracias, es evidente que hay que ir paso a paso, al menos ya estoy más cerca.

  • - ¿Qué tal?, buenos días, quisiera hablar con el gerente de Supermercados DyPlus, ¿podría indicarme, si es tan amable, dónde están las oficinas?
  • - ¿Es de ventas? - inquiere el del bigote.
  • - ¿Ventas? no, mire, venía por una entrevista laboral, ¿tienen ustedes un departamento de Recursos Humanos?

Su cara de sorpresa es sustituida por la de atontado, a secas. A mí se me está acabando la paciencia, es evidente que el del batín azul no me va a solucionar nada.

  • - ¡Quiero ver al jefe, coño!
  • - Lo tiene usted delante caballero. ¿Viene por lo de Márquez&Alonso, la agencia de trabajo?

Ahora el asombrado soy yo. Le contesto que sí y le sigo a través de los jamones, quesos curados e hileras de lomos embuchados. Entramos en un cuartucho atestado de papeles. Facturas y albaranes luchan por salir de las carpetas, tratando de ocupar cualquier espacio antes vacío.

  • - Le diría que se sentara, pero como ve, sólo hay una silla, la mía.
  • - No se preocupe - contesto más calmado. Le enseño mi número de referencia del e-mail y él lo coteja con uno de sus papeles.
  • - Es evidente que aquí existe una confusión.
  • - ¿Confusión? - le contesto contrariado.
  • - No hay nada más que verle, con su traje y corbata y ese maletín de cuero, para hacerse una idea que usted no viene en busca de un puesto de mozo de almacén.

 

Abandono los Supermercados DyPlus maldiciendo a Alonso a gritos. La cajera pecosa me lanza una mirada, con disimulo, mientras, la calle me espera más fría y gris que antes. Sigue lloviendo.

 

  • - Sí, dígame.
  • - ¿Alonso?
  • - Sí, soy yo, dígame, ¿qué desea?
  • - Soy Borja, ¿se puede saber que mierda de mensaje me has mandado? He estado en DyPlus y tu referencia laboral era para ocupar un puesto de...

Al otro lado de la línea escuché unas carcajadas, no me dio tiempo a pensar más allá, me quedé totalmente en blanco.

  • - ¿Qué cojones esperabas niñato? Tu padre me estuvo puteando todos estos años, que si Alonso eres un inútil, que si vete allí, que si ven acá, conseguirás que te despida... ¿tienes una idea de lo que he tenido que aguantar? El otro día cuando viniste a verme... en fin, me lo pusiste en bandeja, chaval. No tengo nada contra ti, pero... así es la vida, y ahora, ¡a mamarla!

No recuerdo bien quién fue el que colgó primero, si fue él, agarrado todavía a una sonrisa, o fui yo, presa de la desesperación.

Volví andando a casa, como un zombi. Esa tarde partía para Andorra. Lo vamos a pasar guay, me había repetido Laura, una y otra vez. No tenía la menor duda, guay del Paraguay.